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lunes, 4 de febrero de 2013

La declaración de la renta.

Dia 3.

Hace unos días nos despertamos con la información que un periódico ofrecía sobre el pago de sobresueldos a toda la cúpula del partido del gobierno.  Se trata de pagos exentos de cualquier tipo de control fiscal, pagos al margen de todo para mejor disfrute de quien los recibía.  Quien los entregaba a nuestros actuales dirigentes resulta que como mínimo ha tenido una cuenta en Suiza con 22 millones de euros, que para eso era el tesorero (¿quien guarda el tesoro?).  A su vez este ángel custodio recibía el dinero de diversos empresarios al modo de donaciones al partido, esto es, gratis total.  Es es uno de los muchos resúmenes que se podrían hacer con la información que nos han dado los medios de comunicación.  Sobre la información que con cuentagotas, verdadera y falsa, nos es suministrada podemos hablar otro día, es como una especie de latigazo que nos van dando para que nos movamos en un sentido u otro, depende del latigazo y del ganado.  Por eso la sueltan poco a poco, para que no nos desviemos del camino que interesa, para corregir nuestra trayectoria o bien para conocer qué dirección tomamos.  Pero no quiero calentarme ahora con esto sino con lo otro.

El caso es que, a salvo lo anterior, quienes nos piden a todos un esfuerzo ante la actual crisis, quienes nos motivan hablando de la grandeza del pueblo español para superar las dificultades y quienes nos exprimen más allá de lo inimaginable como único recurso para superar la sitúación, resulta que se están aliviando con un dinero que no es suyo, que no se lo han ganado, y que no han tenido a bien, al menos, declararlo al fisco para contribuir a la superación de la actual crisis.

He oído o he leido a alguien decir que ese dinero no es público que es dinero que proviene de la empresa privada.  Peor aún.  Si así fuera resultaría que dichas empresas han obtenido unos magníficos beneficios que tampoco han declarado, beneficios además que, provienen del trabajo de sus empleados en gran medida, quienes sí tienen que pagar sus impuestos y que han de ver cómo sus esfuerzos van a parar al bolsillo del político de turno a modo de gratificación por no se sabe muy bien qué.  ¿Con qué cara se puede pedir mayor esfuerzo a quienes de forma involuntaria te están regalando parte de su trabajo?.  ¿Cabe mayor miseria política?.

Pero podría ser que la información no fuera cierta.  El sábado el presidente de la nación compareció ante los medios -tras discurrir un rato antes con su cúpula en una reunión denominada extraordinaria- para anunciar que va a presentar su declaración de la renta y patrimonio (¿?).  Yo no la voy a mirar, ¿para qué?, me juego lo que sea a que dicha declaración es ejemplar, pues en caso contrario ¿cómo la va a presentar?, tan tonto no se puede ser; además, si son pagos en dinero b me apuesto lo que me quede a que no lo refleja en dicha declaración.  Me estoy imaginando la sesuda reunión de los sobreros antes de la comparecencia, se mirarían entre ellos y dirían: joder nos han pillado, habrá que darles a estos (nosotros) algún caramelo para que se distraigan un poco y mientras lo chupan se les vaya de la cabeza el asuntillo, además esta tarde juega el madrid; Mariano saca tu declaración de la renta y a otra cosa.  ¿Y el tesorero dónde para?.  Está en Carcassone macho o al menos anoche estuvo cenando por allí en alguna tabernilla michelín, dejádlo tranquilo que él sí que lo está pasando mal.

Me parece que lo natural si esto es mentira es que el presidente, indignado y rojo como un tomate por la desvergüenza de lo publicado, hubiera sacado la de cobalto y anunciara con nombres y apellidos la presentación de una querella contra todo aquél que hubiera participado en la publicación de la insidiosa información, por falsa.

No ha sido así. 

Ha presentado su declaración de la renta.



martes, 29 de enero de 2013

¿Por qué lo consentimos?

Día Dos.


Este blog no tiene otra finalidad que trasladar mis inquietudes a este fondo blanco, con mayor o menor repercusión pública, lo cual, aunque en principio parece que me da igual, no es así, me gustaría poder transmitir aquéllo que me preocupa a otras personas para que, a su vez, esas personas, me digan qué piensan o que opinan sobre lo que está pasando; qué es lo que imaginan que puede llegar a ser o simplemente qué es lo que está pasando; para entenderlo, para intentar buscar una solución o saber si tiene solución, y de ser así, cuál sería la solución.  Al menos por dónde empezar, porque sin hacer nada, dejando pasar el tiempo mirándonos a nosotros mismos, protegiéndonos, no solucionamos absolutamente nada y lo que es peor, pasaremos por aquí sin más.  No seremos muy diferentes a una planta.  O sí.  Una planta lo tiene más claro que nosotros.  Yo creo que un vegetal sabe cuál es su misión.  Una no, todas sus funciones a lo largo de su existencia.  ¿Sabemos nosotros para qué estamos aquí?.  Desde luego que no.   ¿Y por qué no lo sabemos?.  Esa sería una pregunta de difícil respuesta a priori, sin embargo, hagámosnosla para comenzar un razonamiento que no tengo ni idea de a dónde nos lleva. 

Para responder a esta pregunta hemos de hacer algo nada difícil pero que no suele ser común, esto es, pensar.  Lo de pensar es algo que he descubierto hace relativamente poco y a decir verdad considero que es harto edificante.  En primer lugar porque te das cuenta de una cosa y es, que sabes pensar.  Cuando uno piensa sobre lo que ocurre a su alrededor e intenta buscar una explicación a las cosas que ocurren se siente bien, extraordinariamente bien, porque es como una experiencia nueva, como el que aprende a patinar o a montar en bici.  Tal vez yo sea gilipollas y quien esto lea piense ("piense") que a saber qué he estado haciendo yo todos estos años.  Pero el caso es que para mí es como un descubrimiento que, como si fuera un bucle, me lleva a una cosa, a otra, a otra,  etc.  Que te guste hacer esto no significa que lo que encuentres te agrade, nada de eso, la gran mayoría de los resultados que obtienes no son apetecibles ni deseados, sin embargo, te preguntas por qué ocurren, y llegas a la conclusión de que la gran mayoría de los acontencimientos que suceden a tu alrededor y que, o no son justos o no son conformes a aquéllo que te dicta la conciencia, provienen precisamente de algo que reprocha la gran mayoría de las personas con quienes nos relacionamos.  Vemos que estan ocurriendo cosas que son deleznables, acontécimientos sobre los que nos hacemos la pregunta de ¿cómo es posible que ocurra esto?.  Nos hacemos esta preguna y nos parece que es algo que nunca debiera ocurrir.  Las personas de nuestro entorno piensan como nosotros, es decir, ocurren cosas (luego veremos qué cosas) que la gran mayoría rechaza o considera evitables.  Algo que nunca haríamos ni pasaría si de nosotros dependiera.

Si resulta que lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, aquéllo que no alcanzamos a entender cómo es posible que suceda (acontecimientos a todas luces injustos), es algo que ninguno de nosotros haríamos o al menos intentaríamos impedir que ocurriera, entonces, ¿por qué ocurren?.  ¿Acaso nuestra sociedad no se rige por un sistema (o muchos) de mayorías.?  Si la mayoría está de acuerdo sin necesidad de ponerse de acuerdo sobre algo que está bien o está mal, ¿por qué lo segundo ocurre?.  Solo tengo una explicación y es que aquéllos que no piensan como nosotros, que no tienen conciencia clara de lo que está pasando y cuya moral por razones que desconozco es distinta la de la gran mayoría, imponen a los demás su criterio propio, en perjuicio de estos últimos.  La minoría se impone a la mayoría con una clara contradicción, cual es, que aquéllo que nos imponen es contrario a las más elementales normas que rigen la convivencia, pero no aquélla que está regulada sino aquélla convivencia qué todos llevamos ínsita sin necesidad de que nos la expliquen o impongan.  Esto no es algo natural sino algo impropio.   Si miramos a quienes nos rodean, la gran mayoría, son buenas personas.  El ser humano es bueno.  Tiene sentimientos buenos.  Nuestros amigos son buenos. Todos tenemos amigos.  Por tanto, la bondad es la regla general.  De ser así, si la gran mayoría por naturleza somos buenos ¿por qué ocurren cosas malas o contrarias a lo que la gran mayoría pensamos que son buenas?   La razón de por qué sucede esto es que una una minoría es capaz de imponer, en su propio beneficio (¿ maleficio?), su voluntad sobre los demás, que son mayoría. 

¿Por qué lo consentimos?.

Este es el comienzo de la primera pregunta.